La escalada bélica en Medio Oriente alcanzó un punto crítico. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, reveló que el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, se encuentra “herido y probablemente desfigurado” tras los recientes ataques.
Según el jefe del Pentágono, las fuerzas aliadas de EE. UU. e Israel golpearon más de 15.000 objetivos estratégicos del régimen teocrático.
En las últimas 24 horas, la Fuerza Aérea de Israel -con apoyo de inteligencia- intensificó la ofensiva al bombardear 200 puntos clave en el centro y oeste de Irán, lo que destruyó lanzadores de misiles balísticos y plantas de armamento.
Ante este escenario, el presidente Donald Trump lanzó una dura advertencia. “Tenemos potencia de fuego sin igual y munición ilimitada; estamos destruyendo por completo el régimen terrorista”, remarcó.
La respuesta de Teherán no se hizo esperar. Una nueva lluvia de misiles fue detectada por los sistemas de defensa de Israel y de países del Golfo, que incluyeron a Arabia Saudita y a Emiratos Árabes. Un ataque directo contra la localidad de Zarzir, cerca de la frontera con Líbano, dejó al menos 58 heridos. Por su parte, la Guardia Revolucionaria de Irán amenazó con una represión interna "aún más fuerte" contra cualquier foco de oposición local.